Del “compre argentino” al desguace industrial: el Gobierno celebra importaciones mientras se pierden fábricas y empleo
La llegada del nuevo Volkswagen Taos desde M�?©xico expone el retroceso de la industria automotriz nacional y deja al descubierto una pol�?Âtica econ�?³mica que reemplaza producci�?³n local por dependencia externa.
La llegada a la Argentina de la nueva versión del Volkswagen Taos fabricado en México no es solamente una noticia del mercado automotor. También es una postal brutal del modelo económico que impulsa el gobierno de Javier Milei: menos producción nacional, menos trabajo argentino y más dependencia de las importaciones.
Hasta julio del año pasado, el Taos se fabricaba en la planta de General Pacheco, uno de los polos históricos de la industria automotriz argentina. Hoy, ese mismo vehículo cruza la frontera desde México mientras el Gobierno festeja la "apertura" económica y las terminales ajustan estructuras, reducen personal y redefinen inversiones fuera del país.
El caso es simbólico porque el Taos no era un fracaso industrial. Todo lo contrario. Se trataba de uno de los SUV más vendidos del mercado argentino, compitiendo mano a mano con el Toyota Corolla Cross y el Chevrolet Tracker. Sin embargo, la combinación de apertura importadora, incertidumbre económica, caída del mercado interno y falta de una política industrial concreta terminó inclinando la balanza hacia la producción extranjera.
Mientras desde la Casa Rosada hablan de "modernización" y "eficiencia", en las fábricas la realidad es otra: suspensiones, pérdida de proveedores nacionales y preocupación creciente entre los trabajadores del sector. El Gobierno eligió correrse del rol de protección y planificación industrial para dejar librada la economía a las decisiones de las multinacionales.
La industria automotriz argentina supo ser durante décadas uno de los motores del empleo registrado, la producción metalúrgica y el desarrollo tecnológico. Cada vehículo fabricado localmente arrastra cientos de pymes autopartistas, talleres, logística y miles de puestos de trabajo directos e indirectos. Cuando un modelo deja de producirse en el país, el impacto excede a una terminal: golpea a toda la cadena productiva.
En ese contexto, la nueva Taos mexicana se convierte en mucho más que un lanzamiento comercial. Es la evidencia concreta de un país que abandona capacidad industrial para transformarse nuevamente en un simple mercado de consumo.
La paradoja es evidente. Mientras otros países protegen estratégicamente sus industrias y negocian inversiones con fuerte intervención estatal, Argentina vuelve a experimentar una receta ya conocida: apertura indiscriminada, destrucción de producción local y dependencia importadora.
Desde el movimiento obrero advierten que el problema no termina en Volkswagen. La preocupación atraviesa a toda la actividad manufacturera, donde crece el temor a una ola de reemplazo de producción nacional por productos importados en distintos sectores.
La pregunta de fondo es inevitable: ¿qué modelo de país construye un gobierno que reemplaza autos hechos por trabajadores argentinos por vehículos importados mientras la economía real se derrumba?
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