GREMIALES
15 de abril de 2026
Conarpesa Quiere marineros pobres: la avanzada empresarial que busca romper el convenio y disciplinar al SOMU
Detrás del relato de “libertad de acción” se esconde una maniobra para imponer salarios de miseria. La conducción de Raúl Durdos resiste una ofensiva que pretende hacer retroceder décadas de derechos laborales.
Editorial Mundo Sindical.
No hay confusión posible. No hay “libertad”. No hay épica individual. Lo que hay es una ofensiva empresarial brutal de parte de Fernándo Alvarez Castellano dueño de Conarpesa para bajar salarios, romper el convenio colectivo y someter a los marineros a condiciones indignas.
La reciente publicación que intenta mostrar a trabajadores “autoconvocados” saliendo a pescar por fuera del sindicato no es otra cosa que la puesta en escena de un modelo peligroso: el del sálvese quien pueda. Un esquema funcional a los intereses de empresarios que hace tiempo vienen buscando pagar menos por el mismo trabajo. En el centro de esta avanzada aparece el dueño de Conarpesa, decidido a imponer acuerdos individuales, por fuera de toda legalidad y de todo marco colectivo.
No es un error ni una confusión: es una estrategia. Fragmentar, presionar y disciplinar. Porque cuando un marinero acepta condiciones a la baja, no lo hace en libertad: lo hace con la urgencia de llevar un plato de comida a su casa. Eso no es elección, es extorsión económica. Intentar vender esa realidad como una “decisión de los trabajadores” es, directamente, una falta de respeto. Frente a este escenario, el SOMU —con la conducción de Raúl Durdos— se planta donde hay que plantarse: del lado del convenio, del salario digno y de la dignidad del trabajador marítimo. Y eso molesta. Molesta porque pone un límite. Molesta porque no se arrodilla. Molesta porque no negocia derechos.
Por eso intentan correr el eje. Hablan de internas, de divisiones, de crisis sindical. Pero no dicen lo esencial: que hay empresarios que quieren volver a una pesca sin reglas, con marineros baratos y descartables. Lo que está en juego no es una negociación más. Es el futuro de toda la actividad. Si se permite que se impongan contratos a la baja, lo que hoy es una excepción mañana será la norma. Y el salario digno pasará a ser un recuerdo.
Este no es un conflicto sindical. Es una pelea de fondo entre dos modelos: el del trabajador con derechos o el del trabajador precarizado. Y en esa pelea, queda claro de qué lado está cada uno. Conclusión: Cuando algunos hablan de “libertad”, en realidad están defendiendo la libertad de pagar menos. Y cuando atacan al SOMU, lo que buscan es despejar el camino para avanzar sin resistencia. Pero mientras haya conducción y organización, no habrá lugar para salarios de hambre ni para empresarios que pretendan enriquecerse a costa del trabajador marítimo.
